Colección Piaget Rose

Es tan hermosa que parece surgir de un jardín de diamantes. En torno a un corazón de luz, con sus hermosas facetas, se revela en pendiente solitario, pendiente colgante, colgante, anillo, collar o incluso como reloj secreto… Es una joya preciosa destinada a trascender y sobre la cual el tiempo no tiene dominio alguno. En una cita del amor y de la naturaleza reinventada, el viento alborotado la arrulla, enaltecida por el joyero inspirado por la exuberancia creativa.

Rosa esculpida, rosa calada o rosa de encaje, en la embriaguez de una alegoría que se estremece de placer. Su reino es la metamorfosis. En torno a ella todo resplandece. Su jardín es una primavera sin fin.

 

Saber hacer, saber cultivar

En Piaget, la rosa es la expresión de una naturaleza más estilizada que naturalista. Voluptuosa, sensual, jubilosa. Como una mujer vestida de fucsia en su jardín de rosas, posando a pleno día y fuera del marco. El visual publicitario firmado Tim Walker para Piaget, hace eco al trabajo de los artesanos joyeros de Piaget, dedicados a cultivar este jardín de rosas, liberándose de las convenciones para sublimar el espíritu, el espíritu de la Rosa Piaget, apasionada, generosa y feliz. Una rosa con carácter, una rosa voluptuosa que se asemeja a la peonía. Presente en las líneas de un simple pendiente al igual que las volutas de un anillo engastado con 158 brillantes y una gota de rocío de zafiro rosa de 5,1 quilates. Una rosa de carácter y emoción.

Para Piaget, la rosa es un talismán. Un mensaje de eternidad y de amor renovado que palpita cada día. Un icono generoso y jovial igual que la rosa que es su musa: la rosa Yves Piaget.

“La rosa es la flor más universal. Para mí, ella evoca mi infancia, mis primeras pasiones por las rosas salvajes conocidas como eglantinas, que crecen en libertad a 1100 metros de altura. Al dejar La Côte aux Fées para irme a Neuchâtel, descubrí las rosas cultivadas”.

“Las rosas siempre me han apasionado y me fascina sobremanera el trabajo de los injertadores y las variedades que obtienen, cuya imaginación sólo se iguala al rigor absoluto. Ellos sólo buscan la belleza absoluta y el rendimiento. Cuando en 1982, esta rosa peonía fue bautizada como rosa Yves Piaget, viví un momento de extrema emoción”.

“Amo los matices que van en “dégradé”, del rosa al malva, amo su perfume excepcional. ¡Es hechizador! Basta con tener una pequeña alameda de una decena de rosas para celebrar esta felicidad cada día”. Yves Piaget

 

Había una vez una rosa… La rosa Yves Piaget

En 1982, en el prestigioso marco del Concurso Internacional de Rosas Nuevas de Ginebra, la rosa ganadora fue bautizada como “Rosa Yves Piaget”. Tras dos años de cultivo en la rosaleda del Parque “des Eaux Vives”, esta rosa obtuvo ese año las tres distinciones más importantes: el Diploma de la Medalla de Oro, el Premio de la Ciudad de Ginebra, y la Copa de oro del “Parfum-Rose d’or”…

Así nació una leyenda.

De color rosa Neyron pálido, dotada de una forma muy particular parecida a la de una peonía, la rosa Yves Piaget se regocija en el voluptuoso tourbillon de más de 80 pétalos dentados, exhalando en los pliegues de su traje de distintos matices de rosa y malva, un perfume de Rosa Centifolia tan penetrante como la abundancia de su floración.

 

Una pasión embriagadora

Treinta años después, la emoción sigue intacta. “Ese día, mi piel se puso del mismo color que mi rosa…” recuerda Yves Piaget. En 1982, con el homenaje que le rindieron, consagró su auténtico compromiso por la reina de las flores. Una pasión tan intensa que decidió crear un trofeo para el Concurso Internacional de Rosas Nuevas de Ginebra, el que hasta la fecha ha tenido la ocasión de entregar treinta veces: una rosa de tamaño natural, elaborada en oro de dieciocho quilates en los talleres de Piaget.

El jardín Piaget o la saga de las rosas

Cada joya Piaget es un símbolo del amor, un mensaje de seducción y sensualidad cuya inspiración se presenta en mil y un ramilletes de luz dedicados a la belleza de la mujer. Es natural que la rosa, la flor más regalada en el mundo, sea, desde los años sesenta, un motivo muy preciado por la manufactura Piaget, para la cual el mundo vegetal es una de sus musas de inspiración.

Pétalos de oro entrelazados con un corazón engastado de brillantes, broches, collares, medallones, anillos y relojes-gemelos hacen referencia al jardín, conjugando la eternidad de las piedras con la frescura que provoca la eclosión de los sentimientos. En Piaget, la rosa se ha impuesto como la reina de su jardín creativo, la que en cada estación se ilumina con una nueva luz.

En 2012, la rosa Yves Piaget celebra 30 años. Piaget conmemora este aniversario de la manera más natural: ofreciendo a sus colecciones una mágnifica eclosión de modelos nuevos. Desde pendientes hasta el reloj secreto engastado con 668 diamantes, el sueño permanece intacto.

 

Flor joya, joya flor

La rosa, en Piaget, es el testimonio de una pasión. La de Yves Piaget, al igual que la de los diseñadores y artesanos joyeros a quienes ésta inspira. Gracias a su talento, un centenar de creaciones han florecido en la rosaleda de Piaget, creando, en tres interpretaciones distintas, una rosa siempre única.

La rosa iluminada de diamantes

De oro y diamantes, desvela en su corazón una gota de rocío sublimado por la más luminosa de todas las piedras. Con sus voluptuosas formas, sus pétalos –estilizados e íntegramente engastados con diamantes-, se alborozan con sus generosos volúmenes, como una auténtica rosa.

La rosa calada

Juega con la luz como una flor que se despierta bajo los primeros rayos del sol, ofreciendo a las miradas la alegre redondez de sus pétalos de oro calados, realzados o no con diamantes. Ídolo del sentimiento, en su corazón palpita un diamante.

La rosa de encaje

Sus pétalos calados son una caricia, como una huella preciosa a flor de piel. Con una dulce sensualidad, sus pétalos entrelazados y sinuosos diseñan, a través del oro y algunas veces entre los diamantes, una rosa en movimiento de exquisita delicadeza.

 

Confidencias de una rosa

En el taller de joyería Piaget, los artesanos han elaborado su técnica para ofrecer a esta flor de oro y diamantes el volumen y los destellos de una verdadera rosa. Cada elemento se realiza individualmente para luego ser ensamblado. Los pétalos recortados de una placa de oro toman forma mediante plegado, uno a uno. Para permitir que la luz magnifique cada uno de los diamantes, el joyero practica un calado por el revés de cada pétalo, en el lugar exacto donde se albergará cada una de las gemas según la técnica “nido de abeja”. Por el lado anverso, el engastador prepara el oro, previamente pulido, para que reciba las piedras y forme los granos que las sujetarán al metal precioso. Este método aporta un brillo suplementario al engaste. Como una última marca de atención, realiza un delicado grabado sobre el contorno de los pétalos para destacar su perfil. Así cobra vida la rosa. Cada elemento de la flor está montado desde el interior, de arriba a abajo, de tal forma que la Rosa Piaget conserve para sí misma el secreto de su generosa voluptuosidad.

11.04.12 Eventos institucionales